HISTORIA, ESPIRITUALIDAD Y NATURALEZA EN UN SÍMBOLO UNIVERSAL

Covadonga aúna en su seno una prodigiosa historia, una espiritualidad a raudales y una naturaleza única. Precisamente esta extraordinaria realidad quedó perfectamente plasmada en los Centenarios celebrados en el año 2018.

Y es que Asturias conmemoró en 2018 una triple efeméride única, centrada en Covadonga y su entorno. Se dio entonces la histórica coincidencia de tres centenarios simultáneamente: el de la Coronación de la Virgen de Covadonga, el de la creación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga y el decimotercer centenario de los orígenes del Reino de Asturias. Tres Covadongas en una: la histórica, la espiritual y la natural, en una conjunción extraordinaria, que convierten a Asturias en un destino universal.

COVADONGA HISTÓRICA

Covadonga tiene nombre propio en la Historia de la Humanidad. Los acontecimientos acaecidos en este lugar en el siglo VIII le confieren un valor cultural universal. Origen del primer reino cristiano peninsular, su impronta y esencia han pervivido a lo largo de los siglos hasta la actualidad, convirtiendo a Covadonga en un sitio de referencia para visitantes, viajeros y peregrinos de medio mundo.

COVADONGA ESPIRITUAL

La histórica gesta de Pelayo en Covadonga propicia una devoción mariana que hace de este sitio un referente espiritual universal y un icono cultural vinculado a la religiosidad popular. Incluso ecos legendarios atribuyen a Covadonga un culto telúrico y natural inmemorial. Covadonga es por tanto un icono inmaterial y un sentimiento de profundo arraigo que ha conservado intacta su esencia hasta hoy.

COVADONGA NATURAL

Covadonga tiene un entorno paisajístico único. La diversidad y belleza de esta naturaleza y el afán por preservarla son la razón de aquella declaración del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga en 1918, que sería el embrión del actual Parque Nacional de los Picos de Europa. La figura creada en aquel momento combina el amor por la naturaleza, con un espíritu innovador y pionero.

HACE TRECE SIGLOS UN PEQUEÑO MONTE VIO NACER UN REINO

La tradición y la Historia vinculan los orígenes del Reino de Asturias con dos nombres propios: Pelayo y Covadonga, protagonista y escenario donde en los inicios del siglo VIII se produjeron una serie de episodios -verdaderos para unos y legendarios para otros-, considerados como el primer movimiento de insumisión de la cristiandad norteña frente al poder musulmán asentado en la Península unos años antes. El valle de Cangas de Onís, los Picos de Europa y el monte Auseva habrían sido testigos de la rebelión que eligió a Pelayo como líder -hace este año trece siglos-, y que poco después protagonizará el legendario episodio bélico (batalla o escaramuza), en las faldas de ese pequeño monte.

 

COVADONGA, UN ESCENARIO CRUCIAL

Una rebelión que cambió la Historia

La gruta de Covadonga y el monte Auseva, en el agreste paisaje de los Picos de Europa, constituyen el bastión natural que dará cobijo a las gentes que se alzarán contra el nuevo gobierno establecido por los musulmanes en la península. Este primer núcleo de resistencia -que sin duda no debió ser único aunque quizá el que tuvo mayor y más pronta fortuna-, buscó en el valle de Cangas de Onís y su proyección hacia el interior montañoso, la protección que les brindaba un territorio que conocían bien.

LA COVADONGA PREVIA AL ENFRENTAMIENTO BÉLICO

Aunque bastante desconocida, la historia de Covadonga previa al enfrentamiento bélico aparece impregnada de tradiciones ligadas al paganismo astur y a su cristianización. No sería extraño que la gruta mariana actual fuera en un principio un lugar sagrado para algunas divinidades naturales, especialmente deidades fluviales femeninas como Deva – la «diosa madre»-, que da nombre al río que nace al pie de la cueva. Es probable que en la época de Pelayo fuera ya un lugar cristianizado como un templo rupestre dedicado a la Virgen.

UN LIDERAZGO INDISCUTIBLE

El de Pelayo fue un liderazgo indiscutible. A pesar de la dificultad para hallar fuentes documentales de aquel tiempo, todo apunta a que era un personaje carismático y valiente, capaz de abordar el desafío que debió asumir el año 718 cuando se produce el levantamiento de los astures que lo elegirán como jefe. Después vendría la batalla y el triunfo sobre el ejército musulmán de Alkama, gestándose de este modo el Reino de Asturias. Se escribía así el primer capítulo de una nueva etapa en la Historia europea.

LOS TESTIMONIOS ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA

Cuentan las crónicas que un pequeño grupo de guerreros cristianos hizo frente a un numeroso ejército musulmán enviado desde Córdoba. Los astures se hicieron fuertes en las faldas del monte Auseva, lugar estratégico para derrotar a sus enemigos que en su fuga a través de los Picos de Europa, acabaron pereciendo por el hostigamiento astur o por las dificultades del terreno. Los escritores medievales vieron en estos hechos el favor divino, y así surgió la leyenda que hablaba de una victoria milagrosa auspiciada por la Virgen.

LA RUTA DE LA RECONQUISTA

Hoy es posible recorrer el camino que en su huida siguieron las huestes cordobesas confiando su fuga a la protección de los Picos de Europa. Saliendo del Monte Auseva, el derrotado ejército de Alkama debió atravesar los bellos paisajes de Orandi, el río Cares, Bulnes, Pandébano, Áliva y Espinama hasta llegar a Cosgaya, donde un desprendimiento del monte Subiedes acabó arrojando al río Deva a los últimos supervivientes de la expedición.

UN SÍMBOLO DE ASTURIAS Y UNA FUENTE CONSTANTE DE CREATIVIDAD

Pelayo y Covadonga representan la esencia de una identidad cultural

Pelayo y Covadonga constituyen el relato germinal de los orígenes de un Reino que es el antecedente de los reinos medievales peninsulares, el origen de nuestro país como realidad histórica y hasta el arranque de una misión de Reconquista que se consagraría como elemento identitario por excelencia. Por eso, desde la propia época de la Monarquía Asturiana, Pelayo es reconocido como el origen de la misma.

La Cruz de la Victoria y el Puente Romano – también conocido como el Puentón – de Cangas de Onís constituyen símbolos inequívocos de la Historia de Asturias. El Puente Romano está ubicado sobre el río Sella, que también tiene una gran vinculación con la vida de Pelayo y sus gestas, y de su arco principal pende una enorme Cruz de la Victoria, que nos recuerda el episodio histórico y ya mítico que dio lugar al nacimiento de un pequeño Reino, que tuvo su primera sede en la siempre hospitalaria Canicas, hoy Cangas de Onís.

CIEN AÑOS DE UNA CORONACIÓN

En 1918 la Virgen de Covadonga fue coronada en el Real Sitio

Íntima es la vinculación entre Covadonga y la devoción mariana, pues aunque pudiese tratarse de la cristianización de un anterior culto pagano a las aguas o divinidades naturales, ciertamente desde época medieval el lugar es claramente un sitio de devoción a la Virgen María.

UN CULTO MILENARIO

Es poco conocido el nacimiento y desarrollo de la devoción mariana de Covadonga en los primeros siglos medievales, aunque es muy probable que la tradición de la intervención milagrosa de la virgen en el combate pelagiano desembocara en una primera veneración a esta «Virgen de las Batallas». En el siglo XII aparecen los primeros testimonios que acreditan la existencia de un lugar de culto en Covadonga, que pronto recibirá el apoyo de los reyes castellanos y, desde la Modernidad, de la propia Monarquía Hispánica, interesada en potenciar su hito fundacional en este lugar de la geografía asturiana. Sin duda este apoyo redundará en una extensión de la devoción y el aumento de las peregrinaciones, los votos y las promesas, que ha sido incesante a lo largo de la historia.

1918, UN AÑO EXCEPCIONAL

El 8 de septiembre de 1918 el Santuario vivió un acontecimiento excepcional. Con motivo del XII Centenario de la Batalla de Covadonga, la imagen de la Santina con el Niño fue coronada canónicamente. Se trata de un rito litúrgico que señala la noción de la Virgen María como Reina de la Iglesia. Una gracia que el obispo de Oviedo había pedido para la ocasión al papa, y que tomó forma ese día en Covadonga contando con la presencia de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battemberg, así como con el cardenal Victoriano Guisasola Menéndez, varios obispos y multitud de fieles y devotos.

CUANDO LA VIRGEN ESTUVO EN PARÍS

Durante la Guerra Civil se clausuró el Santuario, se retiraron los elementos de culto, y se destinó a hospital. A instancias de Indalecio Prieto, el Comité Provincial del Frente Popular encomendó a Faustino Goico-Aguirre, delegado provincial de Bellas Artes, que recogiese la imagen de la Virgen de Covadonga, que había sido celosamente guardada por unas monjas y enfermeras que trabajaban en el hospital habilitado en el santuario y la trasladó a Gijón, al Ateneo Obrero. En septiembre de 1937 la imagen fue trasladada a la embajada española en París, junto con otras obras artísticas. A finales de marzo de 1939, a punto de acabar la guerra, se conoció la noticia de la presencia de la Virgen en la embajada. El nuevo gobierno nacional y el obispado ovetense organizaron su retorno al Santuario, a donde llegaría el 6 de julio de 1939.

Historia de un himno centenario

El centenario de 1918 y la coronación canónica de la virgen fueron el momento idóneo para que se compusiera un himno que sirviese de seña de identidad musical al santuario y a la devoción mariana, así como de rememoración de los hechos históricos de Covadonga, con indudable valor para Asturias y para toda España. Fue una iniciativa iniciada por Don Fermín Canella, rector de la Universidad de Oviedo y cronista de Asturias, por la que se convocó un concurso de composición, y fue seleccionada la obra de Sagastizábal, con letra de Restituto del Valle. Así, en septiembre de 1918 sonó por primera vez en el santuario el «Bendita la Reina de nuestras montañas, que tiene por trono la cuna de España», que tantas veces hasta hoy ha podido oírse.

«COVA DOMINICA»,

LA CUEVA DE LA SEÑORA

 

Una gruta con mucha historia

Esta etimología testimonia claramente la importancia que el culto mariano tiene en este enclave. Algunas leyendas hablan de un eremitorio rupestre en época de Pelayo o una fundación por parte de Alfonso I, pero lo cierto es que sólo se documenta una comunidad monástica en Covadonga desde principios del siglo XII.

Sea como fuere estamos ante una devoción milenaria en un escenario de exuberante naturaleza donde lo imponente de las montañas, la frondosidad del bosque, la fuerza del agua y en definitiva la grandiosidad del paisaje componen un conjunto de infinita belleza y apto para el culto espiritual.

El templo colgante, el "Milagro de Covadonga"

El primer templo del que se tiene constancia en Covadonga estaba situado en la propia gruta, ganándole espacio al aire. Se trataba de una pequeña estructura de madera —salvo una capilla pétrea que albergaba la imagen— que, salediza, quedaba encajada en la cueva y apoyada sobre una viguería volada que parecía colgar de la montaña. Era el llamado «Milagro de Covadonga», pues se pensaba que habría sido construido por ángeles para la gloria de la Virgen. A él se accedía por la Escalera de las promesas, aún hoy existente, que ascendía hasta la cueva, en paralelo a la vieja colegiata.

El incendio de 1777

Este complejo constituía el Santuario de Covadonga que visitaron ilustres eruditos y nos describieron, y es el que tomó bajo su protección directa la Corona española decididamente desde Felipe II. Sin embargo, el 17 de octubre de 1777 un fortuito incendio —posiblemente producido por las lámparas de la capilla— redujo el templo a cenizas, perdiéndose alhajas, exvotos, ornamentos y la propia imagen de la Virgen. La construcción en madera y su escarpada ubicación hicieron imposible combatir el fuego, y ese día se perdió completamente un patrimonio cuyos restos se sacaron del río días después.

El fallido proyecto de Ventura Rodríguez

Tras el incendio los canónigos acudieron a la Corona para lograr fondos que permitieran la reconstrucción. La Cámara de Castilla encargó al prestigioso arquitecto Ventura Rodríguez, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, diseñar el nuevo templo. Planteó en 1780 una majestuosa basílica neoclásica de dos plantas sobre el estanque frente a la cueva. El protagonismo lo tenía la monarquía, centrando el templo en el mausoleo de Pelayo y manteniendo a la Santina en la cueva, visible tras un ventanal. Aunque desembolsado un primer presupuesto, la oposición de los canónigos ante el diseño hizo que sólo se pudiera construir y canalizar el estanque bajo la cueva y en 1796 se paralizaron definitivamente las obras.

Un siglo XIX bajo el influjo de Roberto Frassinelli

La visita al Santuario de los Duques de Montpensier en 1857, y sobre todo la del año siguiente de la reina Isabel II supuso un impulso de reactivación de las obras en Covadonga. A la propia Reina le presentó Nicolás Cástor de Caunedo un proyecto de templo historicista como nuevo monumento a la monarquía pelagiana. Pero este proyecto tampoco se llevó a término, al igual que otros intentos por parte de la Comisión Provincial de Monumentos. Habrá que esperar al episcopado de Sanz y Forés y su encargo a Roberto Frassinelli para ver una remodelación de la cueva en 1875: la disposición de un camarín de madera tallada con una profusa decoración inspirada en el arte prerrománico asturiano, donde se colocó la Virgen dejando el resto de la gruta diáfana.

La Santa Cueva en la actualidad
Acabada la Guerra Civil, los destrozos provocados en la gruta permitieron el desmantelamiento del camarín y la construcción del entorno que hoy es visible en la gruta. Misión encargada al arquitecto Luis Menéndez Pidal, quien buscó dar protagonismo al ambiente natural de la cueva y su paisaje junto a la propia imagen, construyendo para ello una pequeña capilla o sacristía siguiendo patrones del prerrománico asturiano y buscando una ornamentación sobria que convirtiera a la propia cueva en un verdadero templo natural.

LA BASÍLICA DE COVADONGA

El día de consagración del Camarín de la cueva en 1874 el obispo de Oviedo, Benito Sanz y Forés, anunció a los fieles su intención de dotar al Santuario de un templo monumental. Aunque aún tardaría un par de años para poder ejecutarlo, se decidió levantar esta «catedral de Covadonga» -como se denominó por muchos años- en el cerro del Cueto, una pequeña elevación en el centro del valle y frente al monte Auseva, que ofrece una espectacular perspectiva de la Santa Cueva y su entorno natural.

Fue nuevamente Frassinelli el escogido para hacer el diseño de la construcción, continuando con el revival medieval que había iniciado con el camarín, aunque escogiendo en esta ocasión el estilo neorrománico. El proyecto de Frassinelli no se ejecutó como estaba concebido y el responsable final de la obra fue el arquitecto Federico Aparici y Soriano. Así, en 1877 comenzaron las obras con el desmonte del cerro del Cueto, siendo el rey Alfonso XII— el encargado de detonar el primero de los barrenos.

UN ESPACIO RITUAL Y DE PEREGRINACIÓN

Covadonga es un referente universal de espiritualidad

Covadonga es mucho más que la Santa Cueva y la Basílica. Desde luego, el complejo del Santuario se completa con otras construcciones como los ya referidos Hotel Pelayo y Hostal Favila, además de otros. Pero, sin duda, Covadonga es en buena medida las personas que allí están, las que viven y atienden el santuario o los peregrinos y visitantes que hasta allí se acercan. Son el paisaje humano de Covadonga, tan rico y fundamental como el espiritual y el natural admirables en el Real sitio y su entorno

COVADONGA, INSPIRADORA Y PIONERA EN LA PROTECCIÓN DEL PAISAJE

Covadonga es un verdadero tesoro natural. Reúne las excelencias de la naturaleza atlántica, en un conjunto paisajístico de gran belleza que sorprende aún hoy por su pureza. Así que no es de extrañar que fuera inspiradora de una figura pionera en la protección de la naturaleza. Hace ahora cien años, Covadonga y su montaña fueron el mejor ejemplo para preservar los valores y atractivos de un entorno natural único, de los excesos humanos.

El espíritu que motivó este hito pionero en nuestro país, que fue la declaración del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, la resume a las mil maravillas su principal mentor Pedro Pidal: «El título de Parque Nacional es la expresión de la hermosura, de la belleza, de los encantos naturales de la patria…». Pidal pensaba, con buen criterio, que la mejor manera de aunar las tres Covadongas – histórica, espiritual y natural – era el título de Parque Nacional.

COVADONGA, UN TESORO DE LA NATURALEZA

Muchos rincones del Real Sitio son un espectáculo natural

Salta a la vista que Covadonga y su entorno son un verdadero espectáculo natural, donde cada rincón tiene su singular encanto y mucha historia e historias tras de sí.

EL REPELAO

Puerta de entrada al Real Sitio de Covadonga y al Parque Nacional de los Picos de Europa, el campo del Repelao, con sus monumentales columnas de acceso, su obelisco regio, su antigua estación de tren, su puente y su ambiente nos indica que estamos ante un significado lugar histórico que se abre además a una naturaleza desbordante por su belleza.

A tan solo un kilómetro y medio de la basílica de Covadonga, El Repelao debe su nombre a Pelayo, por ser el lugar donde cuentan que fue proclamado rey, y precisamente como símbolo de este acontecimiento allí está un obelisco con la imagen de la Cruz de la Victoria (la Cruz que, según la tradición, enarboló Pelayo en la Batalla de Covadonga, que forma el cuerpo de la Cruz de la Victoria, bellamente recubierta de joyas, hoy en día conservada en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo).

UN PARQUE Y UNA CASCADA

El Parque del Príncipe es un auténtico remanso de paz a los mismos pies de la Santa Cueva y de la Basílica. Este jardín del Edén tiene la frondosidad propia del bosque atlántico. Y además, como si de un lugar de cuento se tratara, está surcado por el río Covadonga y en un tranquilo paseo te encuentras preciosos puentes, fuentes, cascadas de espectacular belleza – como la que existe justo debajo del risco de la Basílica -, y algunos edificios de alto valor arquitectónico como el antiguo Mesón de Peregrinos.

El Parque del Príncipe es un exquisito pulmón en el corazón de Covadonga para caminar, relajarse, o tomar fotografías.

UN MIRADOR CON VISTAS

Por la carretera que sube a los Lagos, y a escasos metros del inicio de esta famosa subida de montaña, a mano izquierda, se ubica el conocido como Mirador de los Canónigos. El Mirador de los Canónigos recibe ese nombre porque antaño era una de las atalayas preferidas por los canónigos de Covadonga para contemplar con tranquilidad el Santuario, y entregarse al reposo y la conversación en medio de tan verdes y bellos paisajes.

En la actualidad el mirador es también uno de los lugares preferidos por los turistas y peregrinos para tener una visión diferente del Real Sitio, apreciando las bondades de la naturaleza, y de paso tomándose un respiro en la ascensión a los Lagos de Covadonga.

LA CRUZ DE PRIENA

La Cruz de Priena, también llamada la Cruz de Pelayo, es otro de los símbolos íntimamente ligados a Covadonga. Situada en lo alto del Picu Priena, un monte en las estribaciones de los Picos de Europa, es muy visible desde Covadonga.

Asimismo, la ascensión hasta la cruz es una maravillosa excursión que muestra espléndidas e inusuales vistas de todo el conjunto de Covadonga, así como de los Picos de Europa y de otras montañas emblemáticas como el Sueve, y hasta del propio mar Cantábrico. Sin duda es una de las más completas y bellas atalayas para disfrutar de ese templo natural que son Covadonga y los Picos de Europa.

LA «MONTAÑA DE COVADONGA», UN LUGAR ÚNICO A PRESERVAR

El 8 de setiembre de 1918 fue inaugurado este espacio protegido

1918 fue testigo del éxito de un proyecto político empezado décadas atrás y que había tenido su plasmación legal dos años antes. Será en la tarde del 8 de septiembre de este año cuando el rey Alfonso XIII —que por la mañana había asistido a la Coronación Canónica de la Virgen de Covadonga— inaugura el primer espacio protegido por su carácter de tesoro de la naturaleza.

Pedro Pidal nació en el seno de una familia de la aristocracia asturiana y gozó de las mayores comodidades y la mejor educación que podía brindarle su privilegiada posición social. Desde joven sus largos veranos en Asturias lo convirtieron en un gran deportista —medallista olímpico—, y un verdadero apasionado de la Naturaleza, que supo recorrer palmo a palmo la montaña asturiana —especialmente los Picos de Europa— hasta el punto de ser hoy considerado por muchos como el primer montañero español y uno de los mayores difusores del alpinismo en nuestro país.

Fue una persona capaz de trasladar sus inquietudes a la actividad política, donde ocupó puestos de gran responsabilidad a nivel nacional. Diputado desde los veintiséis años y luego senador vitalicio, su habilidad retórica y su heterodoxia en el espectáculo parlamentario le valió el sobrenombre del «Arniches» del Congreso.

Y sobremanera fue un enamorado de Asturias, hasta tal punto que la profunda querencia que sentía por la naturaleza asturiana lo llevó a pedir que, a su muerte, ocurrida en 1941, sus restos mortales descansaran en el Mirador de Ordiales, en plenos Picos de Europa.

GESTAS DEPORTIVAS E INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA EN PLENA NATURALEZA

Los Picos son un espacio ideal para el deporte y la ciencia

El Parque Nacional de los Picos de Europa es un gran monumento destinado a mimar y proteger la naturaleza, donde cabe la huella de la historia, donde se serena la mente y donde los seres humanos encuentran un ecosistema adecuado para sumergirse en el paisaje y establecer metas de superación, ya sean deportivas o de mejora del conocimiento del medio, tal como soñó Pedro Pidal y muchos otros que, como él, estaban fascinados con este espacio y sus infinitas posibilidades.

No cabe duda que Picos de Europa es un lugar donde los deportes de montaña y el ocio al aire libre tienen uno de los mejores escenarios posibles. Por esta razón son muchos los que conocen este Parque a través de actividades deportivas como el senderismo, la escalada, las carreras de montaña, el ciclismo o la espeleología, cuyo desarrollo está regulado por normativa que garantiza la conservación del espacio. Además los Picos son un gran laboratorio al aire libre para las numerosas expediciones científicas que con frecuencia ponen su mirada en este espacio natural.

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